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Sergei Protas vende en Benidorm latas con aire de la Costa Blanca

Dicen que el ingenio se agudiza en tiempos de crisis. Para Sergei Protas, ciudadano ruso afincado en España desde hace más de 13 años, la actual situación económica le ha llevado a embarcarse en una curiosa aventura empresarial: vender latas rellenas de…aire.

La idea no es nueva. Sergei asegura que hace ya diez años vio publicadaen un periódico de su país la historia de una compañía que había lanzado este ‘souvenir’ al mercado. En su caso, el producto tiene un público potencial idóneo, ya que actualmente vive en Benidorm(Alicante), una de las ciudades turísticas por excelencia de Europa.

Animador sociocultural, actor y bailarín, este ‘trotamundos’ ha vivido ya en varios puntos de España. Empezó asentándose en Asturias y después se trasladó a Tarragonapara trabajar en el parque temáticoPortAventura. Ahora forma parte de la plantilla de Terra Mítica, donde ameniza a los visitantes con sus actuaciones.

«El problema es que durante el invierno, el turismo está un poco más flojo y tienes mucho más tiempo para pensar. Así que empecé a darle vueltas y vueltas a la cabeza para pensar algo con lo que ganarme un poco mejor la vida y así surgió esta idea», explica.

El único problema que ha encontrado hasta el momento es la reacción de las empresas a las que acude para que le vendan las latas. «La primera vez que llamé por teléfono me preguntaron qué quería envasar. Cuando les dije que quería meter aire empezaron a reir y me colgaron el teléfono. Desde entonces prefiero tratar el tema personalmente», explica. En la oficina de patentes a la que acudió para registrar la marca también se sorprendieron, «pero acabaron atendiéndome con total normalidad», añade Sergei.

Él mismo reparte las latas en las tiendas de souvenirs de Benidorm y las localidades cercanas. Cada una de ellas lleva una fotografía panorámica del sitio donde ha sido «fabricado» el producto y una etiqueta en la que se especifica la calidad 100% del aire de la Costa Blanca, con una fecha de caducidad de 100 años. Adjunta unabrelatas, en caso de que la curiosidad acabe por vencer al comprador.

Matiza que su producto no deja de ser un recuerdo turístico más, «con un toque simpático». Vende una ilusión envuelta en un envase de latón, la idea de sol radiante y playas impecables que atrae a miles de turistas cada año.

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